Vea a continuación la grabación en directo de la ordenación del P. Petrich:
Perry terminará su tesis de maestría sobre liderazgo laico en las escuelas jesuitas mientras reside en Berkeley, California, antes de mudarse a Sacramento para trabajar como pastor del campus de una escuela secundaria jesuita.
Vea a continuación la grabación en directo de la ordenación del P. Petrich:
El P. Perry Petrich, S.J., nació y se crió en Tacoma, Whashington. Asistió a la preparatoria Bellarmine en su pueblo natal antes de graduarse de Fordham College en el Centro Lincoln en Nueva York donde recibió su título en Teatro y Teología. Los momentos más destacados durante su paso por Fordham incluyen la dirección de escena del estreno de «Dead Man Walking» en Nueva York y la de «Duran Duran» en la estatua de la libertad. De Nueva York se mudó a Cazadero, California, donde trabajó para el programa Caritas Creek dirigiendo viajes escolares al aire libre para las escuelas católicas del área de la bahía. Perry ingresó a la Compañía de Jesús en el 2008. Enseñó teatro a los alumnos de una escuela secundaria jesuita en Portland, Oregón y a inmigrantes en la frontera entre Estados Unidos y México en Nogales, Sonora, México. También ha trabajado en escuelas en Chicago, Phoenix, San José y Oakland. Perry seguirá trabajando en el sector de enseñanza secundaria como profesor de teología y pastor del campus en una escuela secundaria jesuita en Sacramento. Tiene maestrías en Liderazgo Educativo Católico de la universidad de San Francisco y en Filosofía Social de la Universidad de Loyola Chicago. También tiene una maestría en Divinidad de la Escuela Jesuita de Teología de la Universidad de Santa Clara en Berkeley, California. Además, Perry ha escrito para el Jesuit Post y la revista América, ha enseñado navegación a vela en campamentos de verano en la Arquidiócesis de Seattle y ha tocado la guitarra con el ganador del premio Grammy Tim Kubart. (Provincia del oeste de EE.UU.).
Título universitario en Teatro y Teología, Fordham College en Lincoln Center; maestría en Filosofía Social, Universidad de Loyola en Chicago; maestría en Divinidad, Escuela Jesuita de Teología de la Universidad de Santa Clara; maestría en Liderazgo Educativo Católico, Universidad de San Francisco
"Try a Little Tenderness" de Otis Redding ha sido como un ángel para mí, animándome en tiempos difíciles y compartiendo mi esperanza y alegría en los buenos momentos. La honestidad de las súplicas de Otis de tratar mejor a los demás nos da fe de que un poco de amabilidad nos puede transformar. La escala cromática en la guitarra te muestra que esta amabilidad puede mejorar al mundo. Y el descontrol al final de la canción demuestra –como cualquier otra cosa que he visto o escuchado afuera de las Escrituras– el poder de la inspiración que surge cuando tienes fe de que tu amante nunca te dejará. También es una música de karaoke que vuelve loco al público.
Tocar música con otros no deja de motivarme. La atención a ritmos compartidos y matices de cada músico te obliga a escuchar atentamente, te conecta a los demás y te hace olvidar de ti mismo. Y no hay nada más satisfactorio que crear algo nuevo y hermoso espontáneamente en colaboración con otros.
Ocho días después de la elección del 2016, estaba en una reunión de padres en una escuela secundaria donde me había enviado mi Provincial. Todos los padres en la escuela eran inmigrantes o hijos de inmigrantes de América Latina. Habíamos invitado a un grupo de activistas para dar una presentación que trataba del "conocimiento de tus derechos". El director de la escuela y yo sentimos que algo en la sala no andaba bien –había mucho miedo y dolor para llevar a cabo cualquier tipo de aprendizaje. Me dirigí a los presentadores, interrumpí la presentación y les di las gracias por venir. Luego, me dirigí a los padres y les pregunté cómo se sentían. El evento se convirtió en una charla entre padres en la que expresaron sus miedos y se les ofreció apoyo. Terminó siendo lo que nuestra comunidad necesitaba realmente en ese momento.
Después de que terminó la reunión, el director mencionó que fue la Providencia de Dios la que me había enviado a la escuela ese año. Desde esa noche, comprendí plenamente que Dios nos envía a donde se nos necesita y que nos da la gracia de responder a esa necesidad. Aprendí un poco más lo que significa la provisión de Dios.